Aprendamos la lección

09/11/2016

Por: Jorge Chuya 

Donald Trump ganó las elecciones presidenciales en Estados Unidos.

Ya está.

Para algunos puede ser algo difícil de asimilar, pero hay que hacerlo. Calmarse e ir hacia adelante. Desconozco las fortunas o infortunas que ahora tendremos por delante, pero tampoco es el fin del mundo.

Menciono esto por los comentarios de personas allegadas a mí y por las múltiples reacciones tremendamente negativas en redes sociales. Si no quieren que el mundo se vaya al carajo, sean mejores personas, esfuércense más y exploten sus capacidades.

¿Va? Bien.

Ahora, en primer lugar, me gustaría evitar el debate de quién era “menos peor” si Trump o Hillary, dado que esa cuestión queda a las creencias individuales de cada uno. Lo que sí puedo afirmar es que en estas elecciones estadounidenses había dos opciones: a) Te enfermabas de cáncer o b) Te enfermabas de SIDA. Ambas enfermedades muy difíciles de curar, y de las que no regresas siendo el mismo de antes.

Tampoco me sorprende de sobremanera la victoria de Trump, hasta cierto punto era algo que se veía venir. Después de todo así es el sistema actual de hacer política, y él fue el candidato que mejor entendió el juego. Jugó, apostó y ganó. Puso en evidencia los rasgos xenófobos y misóginos de una parte de la sociedad estadounidense, y con ese discurso de odio logró la victoria.

¡Noticia! Lastimosamente en el sistema actual no gana el más inteligente, el más académico, el más culto o el que tiene las mejores propuestas; gana el que logra identificarse con el pueblo y ser su reflejo. Gana el que mayoría quiere que gane. Si tienes a tres lobos y un cordero decidiendo qué comerán en la cena, pues probablemente la cosa no vaya tan bien para el cordero. Eso sucede cuando el fin justifica los medios; cuando el “vale todo” es el que gobierna. Bienvenidos a la democracia, así es como funciona. Ya es hora de ir despertando de ese sueño.

Sinceramente, creo (y ojalá no me equivoque) que el discurso populista de Trump tuvo un objetivo claro y era ganar estas elecciones. Probablemente dirá una que otra tontería en sus discursos a futuro, pero no se transformarán en políticas públicas. Es decir, creo que no habrá muro ni deportación masiva de inmigrantes. Sería muy arriesgado, y si Trump ha demostrado algo es que no es ningún tonto. También hay que darse cuenta de lo grave que es otorgarle tanto poder a una persona, si no pones límites, no hay constitución ni corte suprema que te salve.

Hoy se cumplen 27 años de la caída del muro de Berlín, y aún existen muros ideológicos entre lo que hacemos y lo que deseamos, ¿Cuánto tiempo más pasará para que seamos capaces de derribarlos?

Ojalá asimilemos esta lección que nos acaba de dar Estados Unidos más pronto de lo esperado; dado que tenemos nuestras elecciones presidenciales en poco más de tres meses. ¿Racionalizaremos nuestro voto o se lo daremos al próximo populista que aparezca? Lo más prudente ahora es esperar, dejar que empiece su mandato, y volver a plantearnos de qué manera queremos ver el mundo en un futuro.

Autor

Jorge es estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en la Universidad Casa Grande de Guayaquil. También es Coordinador Local de Estudiantes Por la Libertad. Se unió al IEEP en septiembre del 2015, y actualmente se desempeña como Coordinador del Departamento de Investigaciones.

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