El peligroso Banco Central

15/12/2017
GabrielaCalderon de Burgos

Desde hace años el Banco Central del Ecuador (BCE) viene concentrando cada vez más poderes, aun cuando es innecesario en dolarización. La creciente hiperactividad del BCE ha demostrado que también puede ser peligroso.

Por ejemplo, desde 2009 se viene exigiendo que la banca privada repatríe porciones cada vez mayores de sus activos líquidos. Esto es un sinsentido. El dinero no necesita estar físicamente dentro del territorio nacional para que los bancos puedan conceder crédito. Vivimos en un mundo con finanzas globalizadas y un sistema de encaje fraccional, lo que significa que un banco ecuatoriano puede tener sus reservas bancarias en el exterior e igual conceder créditos en torno al total de sus reservas dentro y fuera del país.

¿Por qué los bancos optan por mantener reservas en el extranjero? Para financiar operaciones de comercio exterior y para lograr una mezcla óptima de rentabilidad y seguridad.

La administración anterior aumentó el riesgo para los depositantes, limitó el comercio, encareció la intermediación financiera y, por ende, obstaculizó las inversiones, la producción y el empleo.

Desde que se aprobó el Código Orgánico Monetario y Financiero (COMF) en 2014, el BCE con la justificación de administrar una porción considerable de la liquidez de la economía ha terminado disponiendo del dinero de otros para financiar al Gobierno central. Esto es algo que pone en riesgo la estabilidad del sistema financiero.

Los fondos de la Reserva Internacional (RI) no le pertenecen ni al Gobierno ni al BCE, sino a los depositantes de los bancos privados y otras entidades públicas obligadas a depositar sus activos líquidos en el BCE.

La Ley de Reactivación Económica, que es casi una realidad, lamentablemente hace más explícita esta mala práctica.

Esta administración, al igual que la anterior, confunde la liquidez de toda la economía con aquella del fisco. No porque a los políticos en el Gobierno les falte dinero para financiar su abultado gasto, significa que el resto de los mortales debemos dedicarnos a financiarlos a cualquier costo, incluso si esto implica arriesgar a todo el sistema financiero, que no tendría por qué estar atado a los excesos de la demagogia populista.

En una economía dolarizada, las reservas bancarias no tienen por qué estar depositadas en un banco central, pues este no ejerce administración cambiaria. En cambio, en una economía con moneda propia, el banco central sí la ejerce y para ello necesita mantener reservas en divisas. En dolarización las reservas solo deben servir para atender los retiros de los depositantes.

Mientras que antes de 2014 la RI estaba respaldada en casi un 100%, desde que esta pasó a ser “gestionada” por el BCE hemos vivido los últimos años con un descalce considerable, llegando a tener una cobertura con activos líquidos de solo 34% al 8 de diciembre.

El BCE se ha venido comportando como un banco comercial al servicio de un cliente: el Gobierno central. Y este cliente no se destaca por ser un buen pagador.

El Gobierno debería reformar el COMF para que las instituciones financieras dejen de estar obligadas a depositar buena parte de su liquidez en el BCE, blindándolas así del irresponsable manejo fiscal e inyectando confianza a la economía.

*Este artículo fue originalmente publicado en El Universo

Autor

Gabriela Calderón de Burgos es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo(Ecuador). Se graduó en el 2004 con un título de Ciencias Políticas con concentración en Relaciones Internacionales de la York College of Pennsylvania y en 2007 obtuvo su maestría en Comercio y Política Internacional de George Mason University. Desde enero del 2006 ha escrito para El Universo (Ecuador) y sus artículos han sido reproducidos en otros periódicos de Latinoamérica y España como El Tiempo (Colombia), La Prensa Gráfica (El Salvador), Libertad Digital(España), El Deber (Bolivia), El Universal (Venezuela), La Nación (Argentina), El Diario de Hoy (El Salvador), entre otros. Es autora del libro Entre el instinto y la razón (Cato Institute / Paradiso Editores, 2014). 

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