El peor legado de Correa para la siguientes generaciones: La pérdida en la calidad de las Instituciones

30/05/2017
Luis Espinosa Goded

Más allá de la pésima situación económica que deja el legado de Rafael Correa, más allá de la pérdida de la oportunidad histórica de desarrollo que pudo haber supuesto los altos precios del petróleo, más allá de los graves problemas que pueda tener los próximos gobiernos para equilibrar los presupuestos; lo más preocupante que ha dejado la década correísta es la pérdida en  la  calidad de las instituciones; pues instituciones funcionales y prósperas son el requisito previo e imprescindible para cualquier desarrollo económico sano en el medio y largo plazo.

¿Pero qué son las instituciones? Lo cierto es que aunque “institución” sea uno de los conceptos más utilizados en la economía actual es un concepto que es aún algo líquido, difuso, indefinido. Podríamos definir institución como las reglas socialmente aceptadas dentro de una sociedad en las cuales se desenvuelven los comportamientos de sus individuos. Así definido las reglas pueden ser “informales” como la educación -decir buenos días- o como saludarse dándose la mano; o instituciones  “formales” como son las reglas que regulan las inversiones en un  país, qué tanto se respeta la libertad de expresión, los derechos humanos o qué tan difícil es la tramitología para montar una empresa.

El Índice de Calidad Institucional intenta medir cómo progresan las instituciones formales (las únicas que se pueden medir) en todo el mundo, compilando ocho índices, cuatro que miden las instituciones de mercado (Índice de libertad económica, de competitividad global…) y cuatro que miden las instituciones políticas (Respeto al derecho, Libertad de prensa, corrupción…), lo elabora cada año la Fundación Libertad y Progreso y los resultados para el Ecuador de Correa son desoladores.

Ecuador aparece en el puesto 144 del mundo en el índice global, en el 141 en calidad de las instituciones políticas y en el 134 en el de las instituciones de mercado. Pero lo peor no es lo retrasado que está con respecto a casi todos los países del mundo (son 190  los analizados incluyendo decenas de países africanos y pequeñas islas del caribe); lo peor es que en la última década Ecuador ha perdido 22 posiciones, esto es, no sólo no ha mejorado la calidad de las instituciones del  país, sino que han empeorado aún más.

El crecimiento económico sano no se produce por altos precios del  petróleo como ha ocurrido en la última década correísta, sino porque miles de empresarios tienen la libertad y capacidad de crear proyectos donde miles de trabajadores pueden aportar valor, que se puede comerciar con el resto del mundo. Es en este proceso de creación e intercambio de valor donde se da la prosperidad. Pero para que ésto se produzca se deben  dar las condiciones adecuadas, esto es, unas instituciones virtuosas que permitan la libre iniciativa, en la que se respete la propiedad privada y el derecho, haya libertad de expresión y libertad de emprendimiento, etc...

Pero el cambio en las instituciones, estas condiciones imprescindibles para que se produzca el crecimiento no se producen de la noche a la mañana ni proporcionan un  crecimiento económico inmediato. Lleva décadas el que haya cambios en la sociedad por los que se valore tanto la libertad de expresión como la libertad empresarial; esas valoraciones sociales luego se reflejan en legislación garantista que da un marco legal más adecuado para la creación de riqueza, y años después, si ese marco genera confianza, se produce el florecimiento económico.

 

Por desgracia el correísmo ha dejado en herencia todo lo contrario. Durante una década el discurso oficial, sábado tras sábado, ha justificado la represión a los periodistas, minando la libertad de expresión; durante una década, sábado tras sábado, se ha menospreciado a los empresarios, a los creadores de riqueza, acusándolos de cualquier crimen imaginable; durante una década, sábado tras sábado, se han erosionado las instituciones informales que podrían permitir el crecimiento económico sano, y se ha legislado en contra de la libertad, la empresarialidad y la prosperidad.

Autor

Profesor de economía de la Universidad San Francisco de Quito. PhD (c) en economía de la escuela austriaca, Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Master en comercio exterior. Centro de Estudios Comerciales. Discípulo del maestro Antonio Escohotado y de Jesús Huerta de Soto, le interesa las teorías sobre los valores en economía que investiga Deirdre McCloskey. Interesado en la teoría monetaria, es un firme defensor de la dolarización, o sistemas de moneda fuerte. Aparece habitualmente en los medios de comunicación de Ecuador, explicando la importancia de la libertad para la prosperidad.

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