Intervención que estorba

22/11/2017
Paola Ycaza Oneto

En 2012 el ex presidente Bill Clinton dijo en una Convención Nacional Demócrata que el entonces Presidente Barack Obama tenía un plan para “rescatar” a la economía, y el hecho de que los republicanos se interpusieran en su camino le impedía sacar a la economía de la crisis. Pese a ello, Obama terminó regulando la banca, gastó miles de millones de dólares en estímulo, reguló el sistema de salud y emitió estrictas medidas de regulación ambientales.

En la misma línea, muchos candidatos a líderes nacionales tienden a prometer la intervención en la economía, lo que llevaría a pensar que las economías requieren la injerencia del gobierno para vivir (o revivir) y crear empleos. Con frecuencia se asume que nos va mejor cuando hay un gobierno que controla y manipula el sector productivo. Sin embargo, la historia demuestra exactamente lo contrario. Durante los primeros 150 años de la existencia de Estados Unidos, el gobierno no sintió gran necesidad de “hacer algo” cuando la economía se estancó o dejó de crecer. En ese lapso de tiempo, las recesiones económicas no fueron ni tan profundas ni tan duraderas como lo han sido desde que el gobierno federal decidió que tenía que “hacer algo” tras el colapso bursátil de 1929, que estableció un nuevo precedente.

Si “tropicalizamos” este concepto y lo llevamos al contexto ecuatoriano, cuando nos dijeron que la mesa no estaba servida, fue luego de 10 años de “hacer algo”, quizá demasiado, porque la injerencia del gobierno en la economía en tiempos de Revolución Ciudadana fue abrumadora y hasta asfixiante: tuvimos regulaciones comerciales como aranceles y salvaguardias; incremento de impuestos como el de la salida de divisas (ISD); y medidas tan absurdas como el pago del anticipo del Impuesto a la Renta.

En Estados Unidos, uno de los últimos presidentes que seguía la tesis de “no hacer nada” fue Warren G. Harding. En 1921, durante el gobierno del presidente Harding, el desempleo alcanzó el 11.7%. Harding no hizo nada para estimular la economía. Lejos de gastar más dinero para tratar de “ponerla en marcha”, hizo lo que el sentido común le dijo, como si se tratara un hogar intentando ajustar el presupuesto, así que redujo el gasto. Cabe destacar que “no hacer nada” no significa descuidar la economía. El presidente Harding simplemente rechazó la petición de su propio secretario de comercio, Herbert Hoover, de intervenir. La tasa de desempleo del 11.7% en 1921 cayó al 6.7% en 1922, y luego al 2.4% en 1923. Es difícil pensar en cualquier intervención del gobierno en la economía que produzca una reducción tan rápida y aguda en el desempleo como fue producida simplemente reduciendo el gasto y dejando que la economía rebote por sí misma.

En Ecuador, luego de una década exagerada e innecesariamente intervenida resulta difícil creer que estas nuevas medidas económicas que propone el  gobierno, logren incrementar el empleo. Solo basta con recordar que luego de “mucho hacer”, la tasa de desempleo en el 2007 era 5%, la misma que al finalizar el 2015; que la informalidad va en aumento justamente como consecuencia del incremento de las medidas regulatorias; y que se quitó al sector privado el rol protagónico de la actividad económica.

Las medidas anunciadas recientemente solamente confirman que este es el segundo capítulo del mismo libro cuyo protagonista es el gobierno y toda su maquinaria regulatoria. Si incrementar tasas y aranceles y aumentar impuestos es la intervención que el gobierno considera necesaria para “salvar” a la economía, en lugar de reducir el gasto, es mucho mejor que se quede cruzado de brazos y que no haga nada.

Regresando al caso de Estados Unidos, existe un gran mito que dice que el presidente Franklin D. Roosevelt “salvó” a la economía estadounidense con sus intervenciones durante la Gran Depresión de la década de 1930. Pero varios estudios económicos muy contundentes y rigurosos han concluido que las intervenciones de su administración no hicieron otra cosa que prolongar la Gran Depresión por varios años.

No caigamos acá en la creencia de un mito similar. La Revolución Ciudadana no solo que ocasionó la recesión de la que hoy no logramos salir sino que la agravó gracias a la asfixiante intervención estatal; y la ejecución de las medidas económicas anunciadas recientemente la prologarán y profundizarán.

Ojalá comprendieran este dicho: “Aquí no es bueno el que ayuda, sino el que no estorba.”

*Paola Ycaza Oneto es Académica Asociada del IEEP

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