Los Colectivistas latinoamericanos odian a Estados Unidos

16/11/2016

Por: Andrés Ricaurte Pazmiño

and-ricaurte@hotmail.com

            Las recientes elecciones en Estados Unidos han suscitado todo tipo de comentarios en redes sociales, muchos vaticinando la destrucción del país a ser presidido por Donald Trump, no faltan aquellos que de manera enfermiza verdaderamente desean que esto suceda expresando con euforia su ferviente pretensión para que Estados Unidos colapse mientras le adjudican la culpa por cada una de las desgracias que azotan a nuestra región. Sin duda no es motivo de sorpresa pues mi generación ha crecido en un país repleto de gente que manifiesta abiertamente su odio contra Estados Unidos, un resentimiento digno de personas acomplejadas que piensan contar con todas las aptitudes para dirigir los destinos de sus pares, empezando por las más altas esferas de poder que vendiendo la ilusión de una “revolución de la dignidad” que trabaja por acabar con los intereses imperialistas y devolvernos la soberanía que los “vendepatrias” nos quitaron, se han metido al país en los bolsillos.

            Estados Unidos fue fundado sobre tres sólidos valores entendidos como derechos individuales: vida, libertad y propiedad. Con estos pilares poco a poco logró consolidar un sistema que hasta el día de hoy -a pesar de ciertos tropiezos- se mantiene vigente y sin importar si un loco republicano o una hipócrita demócrata gobiernan desde la Casa Blanca, la institucionalidad es tan fuerte que no podrán imponer todos sus dogmas a fin que sus palabras y anhelos se conviertan en ley. Trump con Senado y Cámara de Representantes de mayoría republicana no tendría forma de convertirse en un tirano como los Castro, Maduro o Correa porque el poder está bien definido, tiene límites y contrapesos.

La realidad es clara, Estados Unidos es uno de los países más libres de la región, que ha sabido reponerse de cuantas calamidades le han golpeado y que desde su fundación se ha esforzado por alcanzar el ideal de que la libertad otorga a los individuos el poder de decisión sobre su vida y su propiedad e impide que sea el estado quien decida por ellos, que si bien no se cumple del todo y ha mantenido políticas absolutamente discutibles como el intervencionismo, al menos conserva mayor vigencia que en muchos rincones del planeta.

Los colectivistas que consideran a Estados Unidos como el “centro de poder hegemónico” son envidiosos que detestan la superación ajena, están repletos de rencor y encarnan perfectamente la ideología de muerte y destrucción de sus ídolos que quieren hacernos a todos iguales por la fuerza. Me permitiré citar a la maravillosa Ayn Rand quien dijo que <<la abundancia de los Estados Unidos no fue creada por sacrificios públicos al bien común, sino por el genio productivo de hombres libres que siguieron sus propios intereses personales y la creación de sus propias fortunas privadas. Ellos no hicieron pasar hambre al pueblo para pagar por la industrialización de América. Ellos dieron al pueblo mejores trabajos, salarios más altos y bienes más baratos con cada nueva máquina que inventaron, con cada descubrimiento científico, con cada avance tecnológico. Y así, el país completo se movió hacia delante, beneficiándose, no sufriendo, en cada paso del camino>>.

Decimos que Estados Unidos es un país individualista y lo satanizamos por ello cuando realmente el individualismo es bueno porque promueve la competitividad, el esfuerzo y las interacciones humanas voluntarias y debemos asumir de una vez por todas que el discurso “antiimperialista” de los populistas latinoamericanos que ha calado hondo en una población profundamente celosa, nos ha empujado a la miseria económica y social en que hoy nos encontramos.

Autor

Académico Asociado del Instituto Ecuatoriano de Economía Política

Maestrando en Protección Internacional de los Derechos Humanos (Universidad de Alcalá), Abogado (Universidad Nacional de Chimborazo), egresado de Ingeniería en Gestión de Gobiernos Seccionales (Escuela Superior Politécnica de Chimborazo). Acreedor de becas y reconocimientos por resultados académicos, formación nacional e internacional en libertarismo, liderazgo y emprendimiento, derecho internacional humanitario, economía, entre otras. Experiencia profesional en instituciones del sector público en asistencia legal (Fiscalía Provincial de Chimborazo, Ministerio de Minería) e investigación jurídica (Consejo de la Judicatura), ha colaborado en instituciones privadas en asuntos sobre derecho internacional, cooperación para el desarrollo e integración, trabajando con grupos vulnerables por motivo de discriminación (Fundación Iberoamérica Europa). Conferencista en temas de derechos humanos, liderazgo, relación entre libertad económica y calidad de vida. Interés en el diálogo entre la sociedad civil e instituciones gubernamentales, en el análisis y la elaboración de políticas públicas e investigación social y en la aplicación de los derechos humanos en los ordenamientos jurídicos internos. Énfasis investigador en libertades civiles, participación ciudadana, memoria histórica, verdad y no repetición. Libertario, minarquista. Apasionado del cine. Orientado a la promoción de los derechos humanos desde un enfoque libertario.

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