
|
En este ensayo Roberto Villacreses
tratará de esclarecer algunas interrogantes respecto de los subsidios ¿Cuáles son las fuentes conceptuales y teóricas que
dieron origen a los subsidios? ¿Cuáles son las características de un
subsidio eficiente? y los más importante si estos ¿Están ayudando en Ecuador a
mejorar el bienestar de los más pobres?. |
Ver completo en PDF
INTRODUCCIÓN
Una correcta
política fiscal es elemento clave para el desarrollo de los países emergentes
como en el caso de Ecuador, por lo tanto a acaparado el interés de políticos,
economistas, y en general de los representantes de la sociedad civil. En este
sentido existen diferentes posturas. Hay quienes creen que la mejor política
fiscal es la que tiene como tarea principal la distribución de la riqueza, por
lo tanto estiman necesario impuestos altos y castigadores a los ciudadanos más
prósperos para financiar así los gastos en inversión social (educación, salud,
subsidios, transferencias directas o créditos estatales para sectores de alto
riesgo, etc.). Por otro lado hay quienes creemos que la política fiscal debe
tener 2 tareas básicas. La primera es brindar el ambiente adecuado para que los
empresarios puedan invertir, aumenten sus demandas por recursos humanos
incentivando el empleo y disminuyendo la pobreza. Para esto se necesita una
estructura no castigadora de impuestos, que mas bien genere mayores niveles de
inversión productiva y en este ambiente de expansión económica –y obviamente de
la base tributaria-, el Estado tendrá mayores recursos para gastar en los
sectores más vulnerables de la sociedad. Y la segunda tarea de la políticas
fiscal es la de administrar y gastar eficientemente los recursos, de forma tal
que los dineros que el estado toma de los ciudadanos regrese a nosotros
mediante obras y servicios de calidad que beneficien a todos y preferentemente
a los que menos tienen.
Por lo tanto
este ensayo tiene como objetivo analizar imparcialmente un segmento del
principal destino del gasto publico, es decir los principales subsidios,
reconociendo los costos que implica mantener esta estructura de transferencias,
y lo más importante, observar si se está cumpliendo con el objetivo de
beneficiar a los sectores de menores recursos reduciendo así la pobreza o si
sólo se los está utilizando para beneficio de unos pocos en desmedro de todos.
Cabe recalcar
que este ensayo se centra en los subsidios que más recursos consumen del total
del presupuesto del Estado, y no se ha tomado en consideración algunos otros de
menor cuantía, como los subsidios al crédito que otorgan las financieras
nacionales, ni otros de reciente creación, como los subsidios a la urea o a la
harina, por no contar con suficiente información. Pero para todos ellos el
análisis final debería ser el mismo que para los que analizaremos, pues parten
del mismo principio e igual escenario.
Análisis
teórico de los Subsidios
Los orígenes teóricos de los subsidios del
gobierno parten desde la concepción misma del Estado. Con el surgimiento de naciones
libres con gobiernos que ejercían funciones básicas cómo garantizar la vida, la
libertad y la propiedad privada de las personas se generaron y propiciaron
enormes avances para el bienestar de la sociedad. Sin embargo esta generación
de riqueza no fue uniforme. Algunos individuos tienen más capacidades, mejores
habilidades o más propensión al trabajo y a la innovación que otros. El sistema
de libre mercado es sin lugar a dudas meritocratico, pues los individuos que
mayor éxito tienen son aquellos que emplean de mejor manera sus recursos
satisfaciendo las necesidades de los consumidores, aunque en algunos casos la
buena fortuna juega cierto rol.
En ese sentido también existen quienes son menos
previsores, laboriosos o físicamente más débiles, son creadores de menor nivel
de riqueza. También, a veces la mala fortuna hace lo suyo.
El sistema de mercado es un proceso dinámico
donde no puede observarse con facilidad los ganadores y perdedores. Solo
mediante análisis estáticos en el tiempo, se puede saber quien tiene un ingreso
más elevado que otro. En el tiempo la comparación es necesariamente arbitraria
pues el dinamismo y las circunstancias hacen que las fortunas cambien.
El problema de la distribución del ingreso surge
como el resultado de la contemplación de un observador imparcial. Dicho sujeto
(gobernante, legislador, analista, o político) observa una fotografía. Un
instante de la sociedad donde hay gente más rica que otra. Donde hay personas
que producen muchos de los bienes que necesitan y otros que no llegan a un
mínimo de subsistencia.
El asombro ante tal situación incentiva promover
políticas correctivas. Tales medidas, en su base conceptual, consisten en
instrumentar mecanismos de transferencias involuntarias desde aquellos que más
tienen hacia aquellos que tienen menos. Así surgen los subsidios o
transferencias directas. La idea básica es cobrar un impuesto a los que más
tienen para distribuirlo entre los que menos tienen.
Esta noción responde a lo que los teóricos de la
política fiscal denominan “función de redistribución de ingresos” por parte del
Estado, es decir para quienes promueven estas políticas erróneas la riqueza ya
está dada y por lo tanto lo único que hay que hacer es repartirla.
Estos subsidios que otorga el gobierno, pueden
canalizarse a través de la oferta o la demanda. En el primer caso, la
subvención permite cubrir parte de los costos de producción, y por lo tanto, la
gente puede adquirir un bien o servicio por un valor inferior al precio de
mercado. En el caso de los subsidios a la demanda, se incrementan los ingresos
del receptor para que éste financie la adquisición de ese bien al precio de
mercado.
Los subsidios
en nuestro país ya llevan algunas décadas de ser utilizados con el nombre de
“inversión social” y como veremos más adelante estos han venido aumentando de
forma sistemática cada año, sin embargo no hay una disminución verificable de
la pobreza. Al contrario, se han constituido en una forma de perpetuar la
miseria y una manera de aumentar la corrupción y los abusos presupuestales al
servicio de la burocracia moderna, todo esto bajo la excusa de aumentar la
“inversión social”.
El problema
que pasan por alto quienes promueven este tipo de políticas redistributivas es
que esta no genera riqueza, al contrario en el mediano y largo plazo la
disminuye. El hecho es que para destinar recursos hacia estas actividades es
necesario primero retirarlos de los sectores más prósperos y eficientes de la
sociedad, lo que implica una reducción de parte del capital de estas personas,
el mismo que no estará disponible para ser reinvertido, ahorrado o consumido,
es decir obstaculizando el crecimiento de la producción, que es en última instancia
lo único puede mejorar la situación de los ciudadanos.
De igual
manera en el Ecuador los subsidios o la “inversión social” han sido utilizados
además como forma de ganar adeptos políticos a cambio dadivas, pues estas
“ayudas sociales” son bien acogidas por los grupos de interés. Ejemplo de esto
lo encontramos a diario, como cuando el Presidente Rafael Correa propone
legalizar el consumo del gas pero solo para los taxistas, ofrecimientos que
coincidentemente se realizan a pocos días de la elección de los miembros de la
Asamblea Constituyente en la cual participan los miembros de su movimiento
político.
En todo caso
el tema de los subsidios y el papel que desempeñan en la lucha contra la
pobreza es muy controversial. Trataremos de forma imparcial de reconocer los
fallos en los que incurren partiendo de este análisis de su origen, sumado
además a las características principales, que la teoría en materia fiscal asume
deben tener los subsidios eficientes.
Ver completo en PDF
|