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Creo que con lo expuesto es suficiente para advertir que además de
equilibrios
y continuidades, los chilenos votaron por un pragmatismo que sabe y
sabrá –que es
lo que se espera - alejarse de los dogmatismos de izquierdas y derechas
que
exiguo amparo le ofrecen a las democracias.
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El 11 de marzo próximo, y rompiendo una sucesión de veinte años de gobiernos
concertacionsitas desde el restablecimiento de la democracia en marzo de 1990,
asumirá la Presidencia de Chile el empresario Sebastián Piñera. Esta “segunda
transición”, marcada por la alternancia, demuestra la cordura y la cultura
política alcanzada por este país.
Piñera es un exitoso empresario que supo mantener
distancias del régimen pinochetista. Ha recordado que votó en contra de la
prolongación del gobierno de Pinochet en el plebiscito de 1988. La presidenta Bachelet, por su parte,
conserva una visión que se inclina hacia la centroizquierda, y termina su
mandato dejando a su país con un pie dentro de la OCDE y ubicado en la décima
posición en el Índice de Libertad Económica elaborado por la Heritage
Foundation y el Wall Street Journal. Todo ello, junto a un porcentaje histórico
de 80% de aceptación ciudadana.
Entonces, bajo la sospecha de que las ´ideologías` son
irrelevantes al momento en que el ´sujeto de la democracia` vota, me he
preguntado si Chile es de izquierda o de derecha. Yo creo que de ninguna de las
dos. Este es un país que apuesta por equilibrios, continuidades y sobre todo
por pragmatismos.
La palabra y su uso dice mucho de las personas y más
cuando se la emplea en política. En una relajada conversación que tuvieron la
presidenta Bachelet (MB) y el señor Piñera (SP), se pudo advertir lo que
sostengo en el párrafo anterior. Reproduzcamos la charla y cotejémosla con los
conceptos expuestos:
M.B.- ´La gente lo eligió democráticamente a usted hoy
como presidente (…)` [equilibrio].
S.P.- ´Quiero
pedirle su consejo y su ayuda porque su experiencia de cuatro años será muy
importante para poder continuar muchas de las cosas buenas que se hicieron
durante su gobierno` [continuidad].
Así mismo, Piñera se define como ´una máquina de
producir ideas`, con las que pretende convertir a Chile en ´un país sin pobres`,
lo que muestra, una vez más, la intención de “continuidad” en algo que, pese a
las críticas que se le puedan adjudicar a la Concertación, es un logro: haber
reducido la pobreza de 38 a 13 por ciento entre 1990 y 2006.
Una de las fórmulas para
alcanzar esta meta es ya conocida por todos. Piñera invocó un ´estado fuerte y
eficiente`, uno ´con mucho músculo y poca grasa` en cuyo seno se puedan
resolver al mismo tiempo las necesidades de los más pobres y aquellas atañidas
a la innovación y al emprendimiento de los ciudadanos. Dijo esto y más, pero
creo que con lo expuesto es suficiente para advertir que además de equilibrios
y continuidades, los chilenos votaron por un pragmatismo que sabe y sabrá –que es
lo que se espera - alejarse de los dogmatismos de izquierdas y derechas que
exiguo amparo le ofrecen a las democracias.
* El autor es abogado y académico asociado al IEEP.
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