¡Pésima idea! Regulando los precios

09/01/2018
Carlos Cobo

Cuando los políticos quieren impedir que suba el costo de vida para los ciudadanos, en muchas ocasiones, suponen que la mejor forma de hacerlo es fijando precios que ellos consideran razonables a ciertos productos, generalmente de la canasta básica.

El gobierno suele elegir productos básicos y fija precios máximos, alegando que es importante que los pobres puedan adquirirlos a un precio razonable, y de esta manera todos pueden obtener una parte justa, la explicación de este argumento, es que si dejamos que el libre mercado imponga sus propios precios, estos tendrán una tendencia a elevarse a medida que aumente la demanda, de manera que solo los ricos podrán comprarlos, explicando así, que las personas no consiguen sus productos según sus necesidades, sino únicamente por su capacidad de compra.

Los burócratas suelen pensar que aplicando estas medidas los problemas para los más pobres se encuentran resueltos, y aunque es una política inspirada en buenas intenciones, no se puede producir todo en cantidades casi ilimitadas y a bajos precios, como diría el economista Henry Hazlitt: “¡Ay!, el mundo no está gobernado por ingenieros solo atentos a la producción, sino por hombres de negocios, preocupados por los beneficios, y estos producirán lo que sea siempre y cuando obtengan beneficios, de no ser así, dejarán de producir aunque las necesidades de muchos queden insatisfechas”.

Esto es lo que parece molestar tanto a quienes no comprenden el mecanismo de precios, pero recuerde estimado lector, usted tampoco fabricaría productos que no le dejan beneficios.

Una vez que los precios son fijados por debajo del nivel que alcanzaría en el libre mercado, empiezan los problemas, los cuales no suelen ser visibles en corto plazo, lo primero que sucede, es que el poder adquisitivo de las personas es mayor a la oferta de bienes disponibles, incrementando la demanda de manera considerable, ya que resulta más barato, las personas se ven tentadas a comprar el producto en mayor cantidad, y las existencias desaparecen rápidamente de las perchas, la siguiente consecuencia es una reducción de la oferta, la producción disminuye, los beneficios son reducidos o eliminados y los productores con los costos más altos empiezan a desaparecer, al punto en que incluso los productores más eficientes pueden llegar a tener pérdidas.

Empresas de gran envergadura, plenamente arraigadas con considerables inversiones de capital y dependiendo de su prestigio ante el público se ven forzadas a interrumpir o restringir su producción por la falta de beneficios e insumos, ocupando su lugar empresas improvisadas, generalmente públicas, que disponen de poco capital y menos experiencia y probablemente producen artículos inferiores y fraudulentos a costos muy superiores que las antiguas empresas.

Cuando entran en funcionamiento este tipo de medidas económicas, los burócratas no suelen preocuparse de examinar los resultados en el largo plazo, los efectos que estos pueden tener sobre la colectividad o un sector determinado, más bien, se preocupan únicamente de los resultados inmediatos, pensando que todo lo que hacen son procesos económicos aislados.

Es por esto que se vuelve tan importante hacerles entender cómo funciona el mecanismo de precios, ya que estos se fijan mediante la relación existente entre la oferta y la demanda, cuando la gente necesita más de un artículo, ofrece más por él. El precio sube, aumentando los beneficios de quienes lo producen y a medida que esto sucede, los productores aumentan la producción atrayendo a más personas al negocio, incrementando aún más la oferta, causando nuevamente una reducción de los precios y el margen de beneficios.

El precio de un artículo dependerá de la relación entre la oferta y la demanda, la capacidad de las personas por ofrecer algo a cambio y el nivel de intensidad con que la gente necesite una mercancía, su cantidad estará en función del precio y los beneficios futuros que puedan obtenerse, por lo tanto, es la libertad económica y la libre empresa las que regulan la oferta de miles de productos cada día.

En el mejor de los casos, lo único que provoca esta medida será escasez del producto regulado, es decir, lo contrario a lo que los gobernantes pretendían, cuando esto sucede, los primeros en ser acusados son los consumidores que el gobierno considere ricos, culpándolos de haberse apoderado de más de lo que por justicia les correspondía y tildan a las empresas de acaparar y esconder las existencias, pensando que no son más que sabotajes por parte de los opositores.

En el peor de los casos, y lo que generalmente sucede, es que los políticos se sienten en la obligación de adoptar otra serie de medidas  para hacer frente a la escasez que ellos mismos provocaron, y empiezan a emitir normas acerca de qué tipo de ciudadanos son los que tienen prioridad para adquirir tales mercancías o a quien y en qué cantidad será adjudicada, o de qué manera será racionada, haciendo que los consumidores puedan disponer de una cantidad máxima del producto sin considerar la disposición a pagar por estos, con el pretexto de corregir todas las desigualdades sociales y que de esta forma todos obtengan lo mismo, sin darse cuenta que esto solo favorece a quienes tienen influencia política a costa de perjudicar a los demás ciudadanos.

Si las autoridades en cada país donde han intentado aplicar estas medidas sin éxito, hubiesen leído el libro que en 1946 Henry Hazlitt llamó “Economía en una lección”, sabrían lo que sucede en una nación cuando se deciden controlar los precios, hubiesen sabido con anticipación el problema en que se estaban metiendo y las desgracias que vivirían sus ciudadanos, y a pesar de esto, muchos gobiernos parecen ignorar los resultados y sentirse tentados a hacer lo mismo.

Un gran ejemplo actual de todo este relato es Venezuela, donde los intentos oficiales por mantener los productos por debajo de su precio de mercado no parecen estar dando los resultados esperados, intentando por medio de la fijación general de precios y el racionamiento hacer lo que el libre mercado hace a través de los precios, con la gran diferencia en que estos controles se limitan a la demanda, sin estimular de ninguna manera la oferta.

Incluso han extendido las acciones, y utilizando de excusa la guerra económica, han llegado a controlar los costos de los productos regulados, aumentando aún más el control de precios y la escasez a otros sectores de la economía, una vez que los productos no se consiguen en cantidades suficientes las personas empiezan a sustituirlos por otros, aumentando la demanda de artículos no racionados, ocasionando que el gobierno racione un número cada vez mayor de mercancías.

La principal consecuencia de estos controles es que se implanta un sistema económico totalmente planificado y totalitario donde todas las empresas y personas terminan a merced del gobierno, perdiendo cada vez más libertades, desincentivando la producción, generando escasez, mercados negros de productos controlados, un sector privado que se encuentra cada vez más acosado a la hora de importar, exportar, almacenar, transportar, producir, comprar o vender sin autorización del gobierno, generando más redes de corrupción, como consecuencia la sociedad se empobrece a un ritmo acelerado. Recuerde que si no puede poner precio al fruto de su trabajo, usted deja de ser propietario y pasa a ser esclavo de quien fija los precios.

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