Cortar la electricidad no crea el paraíso

Jeremy A. Tucker (*)

28/03/2019

En el lado izquierdo del espectro ideológico uno a veces observa un elemento de añoranza, de estilo rousseauniana, por un estado primitivo de naturaleza (no solo exclusivamente en la izquierda; la derecha tiene su propia versión de utopías no gratas e inalcanzables).

Toda esta tecnología, esta complejidad económica, finanzas elegantes y sistemas complejos de propiedad, ¿qué es lo que han hecho realmente para nosotros? Solamente nos han alienado y vuelto dependientes, causando guerras, explotación y cualquier forma de sufrimiento humano, según afirman de varias formas. Deberíamos retornar al hermoso y feliz pasado a encontrar nuestra verdadera identidad y vivir en contacto más cercano a la naturaleza.

Esta actitud se ve revelada en el desdeño casual de Alexandria Ocasio-Cortez [congresista demócrata estadounidense] de la combustión interna y en el juego con la idea de acabar con los viajes en avión ¿Qué podría salir mal?

Pero seguramente todo esto es solamente teorización romántica. No es serio, seguramente. Y si realmente llegara a ocurrir, estos soñadores quizás estarían horrorizados de los resultados de tratar de alimentar a ocho billones de personas con tecnología de cazador-recolector.

O tal vez solamente ven lo que quieren ver. Hay un largo registro de fanáticos ideológicos visitando países pobres arruinados por dictadores y declarando a los lugares ser utopías. Paul Hollander hizo crónicas de esta rareza en su gran libro Political Pilgrims (“Peregrinos Políticos”). El desastre soviético de 1918 en adelante [hasta 1991] fue bendecido por intelectuales occidentales por décadas, incluso hasta los últimos días del viejo régimen.

¿Qué hay sobre Venezuela hoy? Seguramente la hiperinflación, los disidentes encarcelados, los apagones y mucho más, estremecerían al socialista mas dedicado. Sí, las sanciones de los Estados Unidos han sido dañinas también, pero no fueron las sanciones solas las que impusieron los controles de precios, inflaron la oferta de dinero y llevaron a la economía al hoyo más profundo posible, en el cual la gente está sufriendo.

Y sin importar lo que pienses sobre las relativamente malas consecuencias del socialismo doméstico y la dictadura versus las sanciones estadounidenses, seguramente todos podemos coincidir en que el sufrimiento es muy grande en este país alguna vez fue rico. Uno podría pensar eso pero no es el caso, no siempre.

Acabo de leer en una entrevista con dos periodistas ingleses quienes regresaron de Venezuela y encontraron al lugar bastante maravilloso en cualquier aspecto. 

Miren este diálogo:

[P]: “¿Qué puede decir sobre los cortes de energía que han plagado al país?”

[R]: “Durante los apagones la gente contaba historias, tocaba música o iba afuera y conversaba en las calles. Era un paraíso: no había televisión ni teléfonos inteligentes, pero real contacto humano. La gente cocina junta. Durante el día están con juegos de mesa, como dominó y los niños se están divirtiendo”.

[P]: “¿Qué hay sobre la catástrofe alimentaria?”

[R]: “[Llevan] una dieta vegetariana. La gente se disculpa por tanto no pueden ofrecernos carne, pero en su lugar hay vegetales: lentejas y frejoles negros. Así que todos se han visto forzados a tener una dieta vegetariana y tal vez la principal queja sea que la gente no puede comer carne como antes lo hacía. La situación no es tan seria.

Adicionalmente:

“Lo que más sorprende es ver como mucha gente está cultivando sus propios vegetales. Es un poco como en Rusia, donde todos tienen una dacha [finca o hacienda]. Venezuela es tropical, así que es fácil cultivar productos. Los árboles de mango están en todas partes, así que puedes agarrar un mango cuando tú quieras”.

¡Tan encantador!, ¡tan saludable!

Y así vamos. Probablemente no hay nada más que decir y yo podría terminar este artículo ahora excepto porque me vienen a la cabeza nuevamente escenas de cuando visité Nicaragua en los años 80 [del régimen sandinista de Daniel Ortega], y encontré el lugar lleno de estudiantes de teología alemanes (del oeste) que habían venido a ver la nueva utopía que estaba naciendo. Ellos se sentarían en tiendas de café en medio de una vasta pobreza y leerían la revista Life [versión] soviética, esperando por el nuevo mundo y observarlo nacer frente a sus propios ojos. Que importaban las tropas en cada esquina cargando rifles semiautomáticos. Ellos solo están ahí para proteger del imperialismo occidental.  

La gente ve lo que quiere ver. Las luces se van, la carne desaparece y el observador marxista-rousseauniano ve renovada conexión humana, así como el meritorio auge del vegetarianismo.

Piense en esto cuando se vea sorprendido por el prospecto de pobreza masiva bajo el Nuevo Gran Trato [Green New Deal] o cualquiera de los grandes planes siendo empujados por la izquierda ideológica. Seguramente ellos no saben qué tipo de empobrecimiento y sufrimiento humano causaría ―o tal vez le darán la bienvenida como una muy necesitada liberación de nuestra dependencia de las cosas y de la carne.

(*) Jeffrey A. Tucker es director editorial de American Institute for Economic Research. Articulista frecuente en la prensa y medios académicos, ha publicado ocho libros en cinco idiomas. Sus temas dominantes son economía, tecnología, filosofía social y cultura.

Traducción: Miguel Reyes Castro - IEEP Investigaciones

VER Artículo original en AIER.org

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